Me tapaba la boca por vergüenza a sonreír

Desde jovencita tuve muchos problemas de confianza por culpa de mi dentadura. Mis dientes eran anormalmente amarillos y torcidos, y además se me veían mucho ya que no tengo la boca precisamente pequeña, (“defecto” de familia).

Además tenía la desgracia (o la suerte, según se mire) de que el resto de mi anatomía y mi presencia en general no pasaba demasiado desapercibida, pero a la que abría lo boca me daba cuenta al momento de que la primera impresión que había causado se evaporaba. Y eso es algo que cuando tienes 16 o 17 años te acaba acomplejando, hasta el punto de que empecé a intentar no reírme y, cuando lo hacía, me ponía siempre la mano delante de la boca.

El problema no era que tuviera los dientes torcidos (ya me habían puesto ortodoncia a los doce años y más o menos me los habían puesto rectos), sino que más que nada los tenía como muy feos, muy amarillos y todos desiguales e irregulares. Lo del amarillo lo intentaba arreglar cepillándome super-fuerte con un cepillo muy duro, pero el doctor me dijo que lo único que conseguiría sería desgastarme el esmalte, y en cuanto a lo de tenerlos irregulares… eso no había forma de arreglarlo.

Con los años fui poco a poco asumiendo que “era lo que había”, y también con la edad empiezas a pasar un poco de todo, pero siempre que conocía a alguien nuevo (trabajo de representante), la sensación de niña acomplejada me volvía.

Y hace un par de años conocí a un clienta que sonreía como Julia Roberts: qué envidia!!!. Además era muy maja y le confesé que mataría por una boca como la suya, y me contestó con naturalidad que llevaba carillas. Yo había leído por internet algo de eso pero pensaba que eran cosas de Hollywood, pero me dijo que a ella se lo habían hecho en su clínica dental y que no era barato pero tampoco prohibitivo. Le pedí la dirección y ahora soy yo la que parece la Roberts (bueno, es un decir…). Me hicieron un tratamiento con una cosa que se llama luminiers, que son como unas láminas muy finitas (como si fuesen lentillas) que te ponen encima de tus dientes (también me los igualaron un poco) y que quedan perfectos. Ahora no es que ya tenga una boca normal, sino que precisamente ahora es lo que más me destaca y personas que he conocido nuevas y que no me conocían de antes me han dicho que tengo unos dientes preciosos.
Alguien que no haya pasado por lo que yo pasé no puede ni imaginar lo q eso representa para mí, así que si alguien tiene el mismo problema que yo tenía que ni lo dude. Yo he tenido que esperar a los 40 años, pero nunca en mi vida me había sentido tan bien con mi imagen (y mi sonrisa).

Compartir

Dejar respuesta