Diez años con problemas para comer

Hace unos quince años empecé a tener problemas para comer con un par de muelas (una de cada lado) que me molestaban. Ya me las habían empastado (y yo diría que reempastado), pero aquello no había quien lo salvara, así que al final me las tuvieron que quitar. Al cabo de un año o así de ir con los huecos, el doctor me dijo que seria conveniente tapar los agujeros (un poco se me veían), y que sería interesante poner implantes. Yo, como siempre he sido un pelín desconfiado y había oído un par de historias no muy buenas de los implantes, me negué en redondo a que me cobrasen tanto por un tratamiento sin garantía y decidí ponerme un par de puentes de los de toda la vida. Me explicaron que a largo plazo no era una buena solución y que incluso era peor el remedio que la enfermedad (ya que desgastaría los dientes sobre los que se apoyaba), pero y insistí en los puentes y me hicieron caso.

Naturalmente, los puentes visualmente quedaban bastante disimulados, pero en cuanto a comer me dijeron que forzase lo menos posible, así que reemplacé los bocadillos de pan normal por pan de molde y cosas así: ¿alguien se imagina lo que llegas a añorar un simple bocata de jamón cuando no puedes comerlo?

Al principio me lo tomé muy en serio, pero al cabo de un tiempo empecé a tomarme algunas licencias y a dejar de tener tanto cuidado con la comida, pero cuando lo hacía el resultado casi siempre era el mismo: vuelta al dentista a arreglar algo que se movía.

Total, que al final tuve que olvidarme completamente del pan normal (no importaba que fuese recién hecho). Cuando te pasa eso siempre hay momentos que te sientes un bicho raro, ya que la típica salida con los colegas de “nos comemos un bocata” para mí se convertía en una mofa constante del tipo “es que la abuelita no puede” (por fuera me reía de la ocurrencia pero por dentro me sentía incluso discapacitado).

Al final de todos modos las cosas se arreglan. Tuve la suerte de que los puentes finamente dijeron basta y también las piezas de al lado. También es cierto que en esos años había conocido a más personas con implantes y quien más quien menos estaba encantadísimo, así que decidí que esta vez ya no me haría el listo y que me dejaría aconsejar por el doctor. Me puso los dos implantes con sus dientes encima el mismo día, y a las 48 horas ya estaba comiendo como siempre (en plan bimbo). Al cabo de unos diez o doce días ya empecé con pan de viena y antes del mes ya estaba con pon normal (lo más tierno y recién hecho posible). Al cabo de un tiempo, poco a poco empecé a tomar pan de barra y tuve la sensación de que por fin podía ser un tío normal que podía comer como un treinañero, no como un setentón (aunque mi padre, que tiene setenta y dos, lleva implantes en toda la boca y come de todo que da gusto).

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