Tenía pánico al dentista

Lo de tener pánico al dentista sé que es algo irracional e incluso infantil, pero no puedo evitarlo. Sobre todo a la agujas, el hecho de que me pinchen; una vez anestesiado sé que ya no duele nada y me relajo al momento, pero solo de saber que me tenían que pinchar pasaba una ansiedad terrible.

Había intentado justo antes de ir tomarme alguna pastilla de estas que medio atontan, tipo valium, pero era tanta la tensión que tenía que no me hacía nada de nada. Por suerte los profesionales suelen tener paciencia con este tema y te intentan tranquilizar en lugar de pegarte la bronca, pero eso no quita que yo fuese consciente de que estaba haciendo el ridículo.

Todo cambió hace un par de años, cuando la consulta que iba (una muy conocida) cerró algunas sucursales, una de ellas donde yo iba. Me llamaron para ir a otra del mismo grupo, pero me quedaba lejos de casa así que decidí probar otra, y fui a una que me habían recomendado varias personas del barrio.

Nada más llegar me hicieron un examen muy exhaustivo y me contaron que no me tenía que preocupar de anda, ya que ellos trabajaban con un sistema de sedación. Les conté que ya había probado el tema pastillas, pero me dijeron que la sedación consciente intravenosa, suministrada por un médico anestesiólogo, es mucho más efectiva.

Me tuve que hacer una análisis previo de salud para confirmar que estaba sano, y el día que me tenían que hacer el tratamiento (eran varios implantes) me volvieron a pinchar en el brazo (mucho mejor que en la boca!!!) para sedarme. Al cabo de unos segundo tuve la sensación de quedarme como muy muy relajado; era la típica sensación de cuando estás medio despierto medio dormido y te suena el despertador y lo paras pero eres incapaz de levantarte y te vuelves a quedar dormido. Lo único que recuerdo de las siguientes cuatro horas fue un momento concreto en que noté un pequeño dolor mientras trabajaban y pensé “tendrás que decirles que te duele”, pero me daba tanta pereza que no pude ni decirlo. Al día siguiente me contaron que hube un momento que dije un ay! puntual y que me pusieron más anestesia pero que yo ni reaccionaba a los pinchazos, ya que no me deba cuenta. De hecho no recuerdo absolutamente nada más, solo que al despertarme ya tenía la boca arreglada.

Realmente la sensación de que te seden es una de las acciones más placenteras que he experimentado en mi vida: era como en las películas cuando te sale un fumeta hippioso “colocado” en plan “paz y amor”, como si nada me importase ni me afectase ni a nivel mental ni físico. Me cuentas que, como en el fondo estaba consciente (no es en ningún caso anestesia general), era capaz de responder a las preguntas directas que me hacían, pero el resto del rato era talmente como estar dormido (sin en realidad estarlo). Además, otra ventaja de la sedación, además de la reducción de estrés para el paciente, es que el doctor puede estar horas y horas trabajando sin tener que preocuparse por la comodidad y el confort del paciente, por lo que puede trabajar en mejores condiciones y hacer varios tratamientos de golpe (lo que reduce el número de vistas) y trabajar de un modo más pulido, con lo que mi recuperación fue rapidísima.

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