No poder comer helados por la sensibilidad dental

Los dulces son mi debilidad, y en concreto los helados. Mi problema siempre fue que tenía una hipersensibilidad al frío, al calor un poco también, pero cuando tomaba algo muy frío tenía que ir con mucho cuidado porque a la que me daba cuenta tenía un pinchazo brutal.

Ante era por culpa de la caries (supongo que los dulces no ayudaban, y ser poco disciplinado lavándome los dientes tampoco), pero lo últimos años era más que en los dientes en las encías.

Probé todas la pastas dentales que anuncian por la tele con eso de que reduce la sensibilidad y todo eso, pero nada de nada. Cada ver que veía a alguien comerse un cucurucho de chocolate (me pirra el chocolate de cualquier clase) ya no solo es que no pudiera, sino que me dolía de solo pensarlo.

Al final el doctor me dio un buen consejo. Me dije que siendo realista podríamos alargar la vida de mis dientes cinco o como mucho diez años (tenía cincuenta y cinco), pero que a pesar de ser tan joven mi boca era un desastre (siempre lo había sido) y que quizá, faltándome ya varias piezas, con un par de puentes de hacía años (y que a veces me provocaban mal olor), y que con las encías tan mal, seria planteable hacer un tratamiento radical y sacarlo absolutamente todo de mi boca y ponerme (literalmente) la boca nueva: cuatro implantes bien puestos (antes de que me quedase si hueso), y una prótesis fuerte y bien ajustada atornillada. A mí me daba mucho reparo pensar que tendría que ir muchas veces, que me quitarían los dientes y que tendría que “desdentado” un tiempo hasta que me pusieran los implantes, pero me contó que en realidad todo se hacía en una sola mañana, así que me decidí.

Realmente todo fue tal y como me había dicho. Tuve que hacer algunas visitas previas para planificarlo todo, tomar medidas y todo eso, pero lo que el tratamiento me lo hicieron en una sola mañana. Llegué a las nuevo, me sedaron y me quedé groggy (era como estar en plan siesta de sofá); cuando me desperté me habían quitado los cuatro dientes que me quedaban y habían retirado todas la prótesis viejas hasta dejarme la mandíbula “pelada”, y sobre el hueso me habían puesto cuatro implantes y ya desde el primer día con una dentadura encima atornillada que se veía perfecta y natural a la vez. Total, que como el doctor era muy cachondo y yo le había pegado tanto la paliza con el tema del helado de chocolate, me “recetó” para aquella misma noche tanto helado de chocolate como quisiera. Y lo cierto es que le hice caso y me puse las botas: comí (sin molestias) lo que no había comido en 10 años, y ahora me he vuelto adicto a los cornetos de chocolate: cada noche me como uno (mi mujer me los controla por el colesterol), sea invierno o verano, y nunca más he vuelto a tener molestias, ni dolor ni sensibilidad.

En todo caso, lo importante es que lo del helado no deja de ser una anécdota, ya que lo realmente importante es que después de toda una vida sintiéndome incómodo con mis dientes al comer, ahora puedo comer como una persona normal. El hecho de comer, morder y masticar tendría que ser algo tan instintivo y natural como respirar o andar, pero para mí siempre había sido un problema al que nunca me había acostumbrado del todo, y ahora puedo por fín comer lo que quiero (y me deja mi mujer).

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